El contexto educativo actual en Colombia, evidencia algunas problemáticas de índole pedagógico, y más concretamente de índole cultural. Las dinámicas sociales actuales, relacionadas principalmente con las TIC, sugieren pensar nuevas formas de enseñar y aprender, pero estos fenómenos no están siendo estudiados con la misma velocidad con la que se estudian los cambios en el consumo, el comercio y la libre competencia.

Esta problemática es producto de una transformación vertiginosa de las políticas para la innovación y la competitividad en un Estado-Nación que apunta más hacia la globalización, pero que olvida muchas incidencias locales-culturales que podrían ser fundamentales para lograr llegar a la Colombia deseada del siglo XXI.

La sociedad colombiana está basada hoy en día, en lógicas de desarrollo económico, político, cultural y educativo. En cada uno de esos aspectos las perspectivas de transformación e innovación todavía nos generan interrogantes; especialmente en lo educativo, donde prima la pasión de pensar que para una mejor educación, basta con una buena gestión en cobertura, gestión en infraestructura y acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

¿Pero qué tipo de interrogantes serían los más pertinentes para pensar una mejor educación? Primero, es necesario comprender los fenómenos culturales como el consumo de los medios de comunicación y las TIC que están modificando las formas de aprender en los jóvenes. No sólo se aprende del libro y en el aula de clase, se aprende también en la cotidianidad. El saber está en el aula de clases, pero también está en todas partes, y es allí donde la escuela debe repensarse y aceptar que lo cotidiano es parte de la formación del ser humano. Esa descentralización del saber cada vez más se legitima en una sociedad donde las TIC han permitido más acceso, más participación, más creación y más conexiones entre las personas, sobre todo entre los jóvenes, es allí donde las TIC se definen como artefactos que configuran la cultura.

Por lo anterior, los interrogantes iniciales podrían ser ¿Cuál es el papel del sistema educativo en esta transformación cultural donde el saber ya no es propio de la escuela? ¿Cómo legitimar y asumir que la cultura de lo cotidiano y el aprendizaje fuera del aula deben tenerse en cuenta en los espacios educativos? ¿Cómo y por qué adoptar las TIC en los ambientes educativos sin perder de vista el contexto social de los educandos?

Es inevitable asumir que los jóvenes disfrutan y conviven, y de esta manera aprenden, en entornos digitales de comunicación, y que este mismo placer no es vivido en la escuela. En este sentido, cabe afirmar que una mejor educación significa una educación adaptada a los sistemas culturales actuales, y que así propenda por la comprensión del contexto del educando mas no por la simple enseñanza de saberes duros, rígidos y cerrados propios del aula tradicional, que posiblemente ya no son pertinentes para humanizar una sociedad que vive su aprendizaje en mayor medida en su cotidianidad, en el ocio y el entretenimiento, en su interacción constante con los artefactos culturales como las TIC.

Es importante valorar que el Estado se ha encargado constantemente en incorporar Tecnologías de la Información y la Comunicación en diferentes contextos sociales. Sin embargo, no es suficiente para los propósitos de un país en desarrollo. Las TIC no vienen dotadas de ventajas y beneficios, pues estos emergen en los usos que el hombre haga de ellas. Por tanto, hay que trabajar paralelamente con cobertura, alfabetización y formas de comunicación e interacción con TIC.

Si se quiere un ciudadano para el siglo XXI, no basta con reducir la brecha digital,  hay que reducir también la brecha cultural, donde se contemple, además de infraestructura, la formación de actores sociales autónomos, participativos y con pensamiento global. En este sentido, el compromiso del sistema educativo es, en primera instancia añadir lo cultural en su agenda,  y esto implica repensar los procesos de apropiación del saber y del aprendizaje, pues ellos son claves en la construcción del ciudadano colombiano para el siglo XXI, un ciudadano con nuevas competencias, características y cualidades en relación con la cultura actual.

 

Andrés Camilo Agúdelo Vergara

Coordinador de formación virtual de la Corporación Ilógica


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